La historia de una obra
que nació del amor
Granjas Infantiles de Jesús Obrero nació en 1948 como respuesta concreta al sufrimiento de niños huérfanos y abandonados en Medellín — una institución que convirtió la solidaridad en vocación.
Granjas Infantiles de Jesús Obrero es una institución arquidiocesana con personería jurídica, según el decreto arzobispal 184 del 21 de junio de 1944. Nació como obra social de la Arquidiócesis de Medellín el 3 de noviembre de 1948, cuando el capitán Julio Enrique Villate, Comandante de la Policía Municipal de Medellín, y la Arquidiócesis convocaron a prestantes personajes de la capital antioqueña.
Entre los convocados estaban el delegado del señor Arzobispo, el Pbro. Alfonso Uribe Jaramillo, Rector del Seminario de Medellín; el Doctor Eduardo Berrio González, Gobernador de Antioquia; el Doctor Pablo Bernal Restrepo, Alcalde de Medellín, y la Señora Sofía Ángel de Jaramillo, entre otros. Su propósito era trazar estrategias y buscar recursos que permitieran la protección de niños huérfanos y abandonados que deambulaban por las calles.
El grupo inicial de internos, responsabilidad del Capitán Villate, fue de 7 niños alojados en un sitio llamado "Alcázar de Toledo", ubicado en la fracción de Robledo. Su Jefe de Hogar era el cabo Arístides Fernández.
El 1 de diciembre de 1948 se efectuó una segunda reunión en la que fue presentado el Pbro. Juan Pablo Botero Restrepo, nombrado por el señor Arzobispo y la Gobernación del departamento como el primer director del internado Granjas Infantiles de Jesús Obrero.
Una misión viva
Los niños y jóvenes internos reciben educación académica, albergue, alimentación, recreación y formación espiritual, siendo reforzados en valores fundamentales. El deporte constituye otra actividad primordial para la utilización del tiempo libre — con campeonatos de fútbol, salidas culturales, paseos y recreación dirigida con el apoyo de voluntarios.
Todas las acciones de la institución contribuyen a mejorar día a día el bienestar físico, psicosocial, espiritual y emocional de los menores bajo su cuidado, como garantía de mejores condiciones de vida que permitan reincorporar a estos niños y jóvenes a una sociedad que se sienta satisfecha de tener seres socialmente responsables y productivos.